“Y era la verdad que por él caminaba”: las dimensiones cambiantes del Campo de Montiel y el lugar de la Mancha.

Se reproduce a continuación la comunicación literal que hizo José Manuel González Mujeriego de su exposición oral, y que emitió en el transcurso del X Congreso de la Asociación Internacional de Cervantistas, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid, del 3 al 7 de septiembre de 2018.

Resumen: Existen numerosas controversias sobre la verdadera extensión geográfica del Campo de Montiel en tiempos de Cervantes. La Historia muestra cómo, desde el siglo VII hasta los años anteriores a la publicación del Quijote, esta zona ha sido un territorio de dimensiones geográficas cambiantes según sus pretendientes.

El mismo Cervantes fue testigo en primera persona de ello, cuando tras ausentarse once años de España, conoció a su regreso un Campo de Montiel ‘nuevo’. Un reflejo de estas modificaciones territoriales se encuentra en la geolocalización del Quijote, que discurre indistintamente por el ‘antiguo’ y conocido Campo de Montiel, pero también por la Mancha propiamente dicha lo que debe tenerse en cuenta a la hora de tratar de ubicar el “lugar” de la Mancha en una localidad concreta.

Este trabajo pretende situar algunas escenas del Quijote en este contexto geográfico modificado en la época de Cervantes. Y defender la hipótesis de que el mítico y ficcional lugar de la Mancha se encuentra en Mota del Cuervo.

Palabras clave:

Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes; La Mancha; Campo de Montiel; el lugar de la Mancha; Mota del Cuervo; Cervantes viajero; paralelismos cervantinos; teorías que se desvanecen; dimensiones cambiantes.

Introducción:

Desde las primeras alusiones histórico-geográficas al Campo de Montiel, datadas en época visigótica (año 676), hasta la redacción de las famosas Relaciones topográficas de 1575 por Felipe II; muchas han sido las modificaciones territoriales que han marcado esta zona geográfica.

Esta tierra fronteriza pretendida por cristianos y sarracenos en el periodo de Reconquista, cedida a la Orden de Santiago (en 1227) por Fernando III “el Santo”, rey de Castilla y de León, y disputada posteriormente por el Concejo de Alcaraz; alcanzará la que es su delimitación final hasta nuestros días —salvo por ligeras variaciones— con las especificaciones consignadas por Felipe II.

La fecha de 1575 resulta trascendental en la biografía de Miguel de Cervantes, pues coincide con su larga ausencia de once años de España. A su regreso, 5 años después, se encuentra con la nueva distribución territorial trazada por Felipe II, lo que establece una circunstancia anómala en la redacción de su monumental Don Quijote de la Mancha. El marco geográfico de la obra de ficción transcurre en una zona que ha experimentado modificaciones y Cervantes hace transitar a sus protagonistas por lugares que en ocasiones ubica en no en el ‘nuevo’ Campo de Montiel, sino en la Mancha (la nueva demarcación) y, en otras, en el anacrónico “antiguo y conocido Campo de Montiel. Y era la verdad que por él caminaba” (I, 2).

Esta ambivalencia ha llevado a estudiosos del entramado quijotesco a emitir diferentes interpretaciones y controversias (algunas de las cuales difícilmente se sostienen) sobre dos aspectos no clarificados por el autor en su obra: a qué territorio real alude en su ficción y cuál es la extensión geográfica del Campo de Montiel en tiempos de Cervantes.

Alusiones al Campo de Montiel y a la Mancha en el Quijote

De las cinco ocasiones en que se cita de manera explícita el Campo de Montiel en el Quijote ya se percibe, como marca distintiva de la confusión generalizada sobre el espacio ficcional, la falta de un criterio unificado sobre la denominación territorial. El resultado es la alternancia de la alusión al ‘antiguo’ Campo de Montiel, con la conjunción del ‘nuevo’ Campo de Montiel y la Mancha como un territorio indistinto.

A continuación se enumeran las citas en orden de aparición:

1) La importancia del lugar —una constante en la obra cervantina— aparece reflejada de manera inmediata en el mismo Prólogo de la obra.

[…] y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del Campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. (I, Prólogo).

(I, Prólogo).

2) En la segunda mención, Cervantes opta por la versión del ‘antiguo’ Campo de Montiel (y que unifica a La Mancha), que debió ser conocido por él cuando en diciembre de 1568, viajó hasta Roma para servir al Cardenal Acquaviva, siguiendo el camino de la Seda o de los Pimenteros, y su ruta probable hacia el puerto de Cartagena atravesaba este territorio.

Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel. Y era la verdad que por él caminaba.

(I, 2).

3) La segunda salida de don Quijote desde el enigmático “lugar de la Mancha” coincide con el camino que tomó en la primera salida, antes de la aventura de los molinos.

Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no les fatigaban. .

(I, 7)

4) En la mención a los académicos de la Argamasilla se explicita la localidad de El Toboso; y en el Soneto dedicado a Dulcinea se describe a don Quijote pisando el Campo de Montiel, la Mancha toboseña, la Gran Sierra Morena y “hasta el herboso llano de Aranjuez”.

Del Paniaguado, académico de la Argamasilla, In laudem Dulcineae del [T]oboso.

SONETO

Esta que veis de rostro amondongado,
alta de pechos y ademán brioso,
es Dulcinea, reina del Toboso,
de quien fue el gran Quijote aficionado.
Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra, y el famoso
campo de Montiel, hasta el [herboso]
llano de Aranjuez, a pie y cansado.
(I, 52).

5) La quinta y última vez que Cervantes cita el Campo de Montiel es para despedirse del lugar y enviar al ingenioso hidalgo a emprender nuevas aventuras por el camino de El Toboso.

[…] persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo, y pongan los ojos en lasque están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel.

(II, 8).

Dimensiones cambiantes del Campo de Montiel a lo largo de la historia

Uno de los motivos de la mencionada confusión sobre el espacio ficcional presentado por Cervantes en el Quijote tiene que ver con las modificaciones territoriales que el Campo de Montiel ha experimentado a lo largo de la historia.

Esta zona considerada una demarcación política, judicial y eclesiástica, que ha sufrido particiones administrativas debidas a conflictos y repartos de tierras asignadas por los reyes.

La siguiente cronología marca las dimensiones cambiantes del Campo de Montiel a lo largo de la historia:

1) Año 676: en plena época visigótica se asocia el Campo de Montiel con el obispado de Mentesa, según la Hitación de Wamba o demarcación de la diócesis del siglo VII. Este obispado era a su vez dependiente de la diócesis de Toledo y se situaba a la cabecera en la Solana y comprendía el siguiente territorio: “tenga desde el Ciogüela (Eciga) hasta Segura (Secura); desde Lillo (Lila) hasta Paredazos Viejos (Polixena), que se nombra en el itinerario Parietinis”1.

2) Año 1213: el Campo de Montiel se incorpora a la Corona de Castilla con la conquista del castillo de Eznavexor (en Villamanrique) por Alfonso VIII.

3) Año 1227: con la reconquista del Castillo de Montiel (por Fernando III “el Santo”) este territorio entra a formar parte de la Orden de Santiago. Se establece la primera capital del Campo de Montiel.

4) Año 1243: por privilegio del rey Fernando III “el Santo”, concedido en Valladolid el 18 de febrero de ese año, se adscriben al Campo de Montiel, entre otros, los siguientes pueblos: Criptana, Posadas Viejas, Villajos, Miguel Esteban, Almuradiel, La Figuera, Villarejo Rubio, El Cuervo y Manjavacas.

Y en el mismo documento2 de partición de términos entre el Concejo de Alcaraz y la Orden de Santiago (Fernando III “el Santo”), firmado en Valladolid, el 18 de febrero de 1243, en donde se asigna El Cuervo y Manjavacas (en la actualidad ambas localidades, junto con La Mota, integran Mota del Cuervo) al Campo de Montiel3.


Listado de los términos y pueblos que componían el ‘antiguo’ Campo de Montiel, en 1243, en el que aparecen mencionados El Cuervo y Manjavacas. Está recogido por Bernabé Chaves en su “Apuntamiento legal sobre el dominio solar, que por expresas reales donaciones pertenece a la Orden de Santiago en todos sus pueblos […]”.

5) Año 1573: Felipe II fija las dimensiones del Campo de Montiel y las plasma en las famosas Relaciones topográficas, de 1575. Esta demarcación territorial ha quedado prácticamente invariable hasta la actualidad. Todos los pueblos (salvo Membrilla), que figuran en este documento de Felipe II, se declaran como no pertenecientes a la Mancha.Y ya no aparecen ni El Cuervo ni Manjavacas en la relación del ‘nuevo’ Campo de Montiel, por lo que quedan en La Mancha.

Dibujo del “nuevo” Campo de Montiel que insertan los encargados de redactar las declaraciones de Villanueva de los Infantes en las Relaciones topográficas de Felipe II 4.

Cambios acaecidos en el Campo de Montiel durante la ausencia de Cervantes en España

Para este estudio es importante insistir en que el último cambio territorial relevante del Campo de Montiel se produjo durante una larga ausencia, de once años, de Cervantes de España y que a su vuelta se encontró el espacio reducido y distinto al que pudo conocer.

Imagen comparativa de los cambios territoriales sufridos por el Campo de Montiel. A la izquierda, las poblaciones que lo componían en 1243 hasta que Cervantes salió de España. a la derecha, como se lo encontró Cervantes en 1580 tras su ausencia del país de once años (Elaboración propia).

Se podría distinguir el ‘antiguo’ Campo de Montiel (hasta 1573) y el ‘nuevo’ Campo de Montiel que se encontró Cervantes a su regreso siguiendo su propia cronología:

Cervantes en el ‘antiguo’ Campo de Montiel:

  • 1569: con 22 años viaja a Roma para servir como camarero del Cardenal Acquaviva. Parte desde Toledo al puerto de Cartagena, y probablemente pasó por Manjavacas.
  • 1571: con 24 años participa en la Batalla de Lepanto.
  • 1572: toma parte en las expediciones navales de Navarino, Corfú y Túnez.

Cervantes en el ‘nuevo’ Campo de Montiel:

  • 1575: a la edad de 28 años es condenado a prisión en Argel durante 5 años.
  • 1580: regresa a España después de los once años de ausencia.
  • 1587: viaja a Andalucía como comisario de provisiones de la Armada Invencible. Durante ese periodo recorre de manera recurrente el camino que va de Madrid a Andalucía, pasando por Toledo y por la Mancha.
  • 1594: ejerce como recaudador de impuestos atrasados (tercias y alcabalas). Ese año escribe una carta autógrafa[1] al rey Felipe II, en donde detalla los impuestos cobrados en Baeza y en otros lugares.
  • 1605: se publica la primera parte del Quijote.

Teorías que se afianzan si consideramos el cambio territorial del Campo de Montiel a través de episodios cruciales del Quijote

Cuando Cervantes regresó a España se encontró un Campo de Montiel reducido. No es de extrañar que hablara, al mismo tiempo, de la Mancha y del ‘antiguo’ Campo de Montiel por el que había transitado.

En algunos de los episodios más recordados del Quijote, Cervantes sitúa claramente la acción en la Mancha Santiaguista y, al mismo tiempo, en el ‘antiguo’ Campo de Montiel.

En un fragmento el “lugar de la Mancha” se ubica “tan cerca del Toboso” (I, 8) que los protagonistas pueden llegar sin pisar el Campo de Montiel.                              

Persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel.

(II, 8). 

Esta indicación permite ubicar “el lugar” en un pueblo limítrofe del ‘antiguo’ Campo de Montiel  que se sitúa en la llanura manchega y, cuando los protagonistas vuelven de Barcelona, lo vislumbran al ascender por una elevación en el terreno. “Con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea”. (II, 77).

En cuanto a la escena de los molinos de viento  (I, 8) sólo puede ubicarse en Campo de Criptana, único lugar que en aquella época contaba con entre treinta y cuarenta molinos. Sin embargo, no hay consenso entre los investigadores de la obra cervantina en este punto y hay quien defiende una disposición fuera del Campo de Montiel, a pesar de que hasta el 1566, se estuvieron reuniendo en Campo de Criptana los concejos de la Provincia de Castilla y los del Campo de Montiel, según declaran en las Relaciones topográficas de Felipe II.[6]

Por su parte, el episodio del apaleamiento del joven Andrés, tras la salida de la venta donde fue armado caballero por don Quijote, se sitúa en las inmediaciones de Quintanar de la Orden, otrora capital de la Mancha Santiaguista.

–Mire vuestra merced, señor, lo que dice –dijo el muchacho–, que este mi amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.

(I, 4).

Teorías que se debilitan al considerar el cambio territorial del Campo de Montiel

El hecho de no considerar el Campo de Montiel, al que se refería Cervantes como “el antiguo y conocido”, puede conducir a conclusiones erróneas.

Una de las más controvertidas sitúa el “lugar de la Mancha” en el corazón del Campo de Montiel y en la localidad de Villanueva de los Infantes, situada a 120 km de El Toboso, o —en mediciones quijotescas— a cuatro jornadas a lomos de Rocinante. Teorías que tienen en cuenta las tardanzas de unos protagonistas que solo iban en busca de aventuras.

En la imagen de arriba: sistema de tardanzas cervantinas situado en la plaza de Villanueva de los Infantes (que sostiene el Prof. Parra Luna). En la imagen de abajo: mapa de Google (elaboración propia).

Si comparamos las imágenes anteriores, vemos en el primer plano las equidistancias de las distintas poblaciones desde Villanueva de los Infantes basadas en las tardanzas de sus protagonistas. En el mapa siguiente se ha realizado una traslación de los mismos puntos geográficos a sus situaciones exactas donde se comprueba la inexactitud de las distancias geográficas reales.

Conviene tener en cuenta la orografía del terreno y las dificultades que se derivan de la misma, ya que no es lo mismo caminar por la escabrosa Sierra Morena, que por la llanura manchega.

Teorías que hacen dar vueltas alambicadas en la aventura de los molinos de viento, necesariamente en Campo de Criptana (único lugar que como se ha comentado, contaba con entre treinta y cuarenta molinos en aquella época), con el único objetivo de “cuadrar” sus tesis. Todo ello por no considerar un Campo de Montiel cambiante.

La acción principal se desarrolla en la Mancha

Miguel  de Cervantes titula su libro, El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y la acción se inicia “En un lugar de la Mancha” y no en un “Lugar del Campo de Montiel”. Y se trata, describe Cervantes, de un pequeño lugar “tan cerca de El Toboso” que permite a Sancho conocer a la familia de Aldonza Lorenzo y las anécdotas sobre Dulcinea, tal y como se explicita en las siguientes dos citas:

Solo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decía era verdad […] y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso.

(I, 13).

—¡Ta, ta! —dijo Sancho—. ¿Qué la hija de Lorenzo Corchuelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?

—Esa es —dijo don Quijote—, y es la que merece ser señora de todo el universo.

‑—Bien la conozco —dijo Sancho— y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que la tuviera por señora! ¡Oh hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar a unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y aunque estaban de allí a más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana, con todos se burla y de todo hace mueca y donaire […].

(I, 25).

Otra alusión a la cercanía del “lugar” a El Toboso se  produce cuando Sancho, cansado de mentir a don Quijote con los pormenores de su viaje a Sierra Morena, teme que le cace en alguna mentira:

[…] porque, puesto que él sabía que Dulcinea era una labradora de El Toboso, no la había visto en toda su vida.

(I, 31).

Estas referencias refuerzan la hipótesis más probable de que el “lugar” al que Cervantes se refería, en su ficción, es Mota del Cuervo.

Al fondo, vista de la torre de la iglesia de El Toboso desde donde Dulcinea llamaba a sus zagales. En primer plano uno de los molinos de viento de Mota del Cuervo. Distancia entre el Toboso y Mota del Cuervo: 2 leguas castellanas.

La descripción que el autor hace concuerda mejor con un pequeño lugar, con un cura y un barbero; y no con una urbe dotada de 3 iglesias, 17 regidores, 1.300 vecinos y 40 hidalgos, como tenía en aquel tiempo Villanueva de los Infantes.

Además, la salida del “lugar” se desarrolla en un punto limítrofe del ‘antiguo’ Campo de Montiel. Los protagonistas emprenden su viaje de mañana, con el sol de soslayo, en dirección a los molinos de viento de Campo de Criptana, para luego continuar hacia Puerto Lápice, siguiendo un camino más o menos recto, según se indica en la siguiente imagen de la izquierda; que se contrapone al itinerario que se optaría si los protagonistas partiesen de Villanueva de los Infantes para tomar el camino de Campo de Criptana, pasar por Puerto Lápice y alcanzar Sierra Morena.

Itinerario de salida del Quijote desde Mota del Cuervo hacia los molinos de viento de Campo de Criptana y Puerto Lápice.
El mismo recorrido desde Villanueva de los Infantes (Ambos mapas: fuente Google, elaboración propia).

La hipótesis de Mota del Cuervo como el “lugar” de la Mancha[7]

Las referencias topográficas que discurren en el Quijote sitúan el “lugar” de La Mancha cercano a El Toboso, a Quintanar y a Campo de Criptana.

Desde el año 1243, hasta 1575, El Cuervo perteneció al Campo de Montiel histórico y era el siguiente pueblo después de Quintanar, en dirección a Valencia. Así como un camino lógico para ir a Andalucía por la Cañada Real de Andalucía.

Aunque no está documentada la presencia de Cervantes en Mota del Cuervo, sí existen fuentes sobre sus desplazamientos por la geografía española por los que se deduce que pudo atravesar el pueblo en diversas ocasiones: a su paso por Manjavacas para recorrer el camino de los pimenteros (de Toledo a Cartagena) en su viaje hacia Roma para servir a Acquaviva (camino que cita en pasajes como el de los Yangüeses. (II,3); de regreso de su cautiverio por el camino real de Valencia (desde Denia a Madrid); como alcabalero que recorrió las contadas Tercias Reales; como conocedor del moteño Juan Haldudo (el rico vecino del Quintanar que nombra en su obra); o por su paso por la Cañada Real de Andalucía para llegar hasta la provincia de Jaén.

Pero es en su obra donde Cervantes refleja algunos episodios con moriscos (presentes en la Mancha hasta el 1610) establecidos en esa zona. Un ejemplo es la familia de Luis Ricote, natural de las Cuevas (de Almanzora), que falleció durante el traslado desde el Reino de Granada, y cuya viuda, María Ricote, junto a sus cuatro hijas se alistaron en Mota del Cuervo, mientras que otros familiares lo hicieron en Quintanar y en Miguel Esteban.[8]

—Bien sabes, ¡oh Sancho Panza, vecino y amigo mío!, como el pregón y bando que Su Majestad mandó publicar contra los de mi nación puso terror y espanto en todos nosotros; a lo menos, en mí le puso de suerte que me parece que antes del tiempo que se nos concedía para que hiciésemos ausencia de España.

(II, 54).

Otra coincidencia es el relato que hace Cervantes de un gran tesoro escondido cerca de ese lugar y la constatación de hallarse en Mota del Cuervo por parte del morisco Antonio de la Fuente en 1588. Está documentado por el historiador Francisco Javier Escudero Muñoz, la celebración de un juicio ordenado por el rey Felipe II, a través del Real Consejo de Hacienda[9], que envía al licenciado Rodrigo Soto a investigar un tesoro compuesto por “un carro entero de oro, plata, en moneda y en barras, así como gemas y joyería que se halla en Mota del Cuervo”.

—¿Cómo, y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?…

Ahora es mi intención, Sancho, sacar el tesoro que dejé enterrado, que por estar fuera del pueblo lo podré hacer sin peligro.

(II, 54).

Que Cervantes no mencione ese lugar, puede deberse al trato reprobatorio que mereció por parte de personajes a los que, por diversas circunstancias conoció. Por ejemplo, uno de los alcaides de Mota del Cuervo, Don Pedro Muñoz de Otálora, al que el escritor cita (página 175) en su libro Relación de lo sucedido en la ciudad de Valladolid desde el punto del felicísimo nacimiento del príncipe don Felipe Dominico Víctor nuestro señor, hasta que se acabaron las demostraciones de alegría que por él se hicieron (Valladolid, 1605). Este alcaide de Mota del Cuervo, era caballero de la Orden de Santiago, caballerizo de la Reina, e hijo del Oidor de Indias, Alonso Muñoz, y uno de los caballeros que acompañaban el séquito de personalidades en el bautizo del hijo del Rey Felipe III. Pudo ser este personaje quien le denegó el paso a América, donde anhelaba ocupar algún puesto importante en la colonial española. En concreto, el de Corregidor de la ciudad de la Paz (Bolivia), y donde, desde el Consejo de Indias, se le respondió “Busque por acá en que se le haga merced”.

Otro alcaide de Mota del Cuervo, coetáneo de Cervantes fue Hernando de Ovando y Ulloa, jefe de la familia de los Ovando[1], y tío de don Nicolás, que era a su vez el padre de Constanza de Ovando y Figueroa, la sobrina de Cervantes. Este Alcaide fue un noble distinguido en la Corte de Felipe III, caballero de la Orden de Santiago, Comendador de Aguilarejo y Dos Barrios. Nicolás de Ovando, siguiendo las instrucciones de su tío Hernando, no quiso cumplir su promesa de matrimonio con Andrea, la hermana de Cervantes, a pesar de ser el padre de su hija Constanza.

Otro personaje que Cervantes cita en el Quijote fue Juan Haldudo, el rico, el vecino del Quintanar. Tenemos constancia del lugar de nacimiento de este y otros Haldudos, en las visitas de la Orden de Santiago, en los años 1498, 1538 y en 1544 a Mota del Cuervo.[11]

Más allá de las personas con nombre propio de Mota el Cuervo que conoció Cervantes, y que por las razones expuestas trató de no dignificar en su obra; la defensa de la ubicación de este “lugar” como el de la obra viene avalada por referencias muy diversas que abarcan lo orográfico, demográfico, hidrológico (pozo seco, arroyo a la entrada del lugar…), cinegético, forestal… e incluso lo artesano: hasta en diez ocasiones se refiere Cervantes en su obra a los famosos cántaros, como los que aún se siguen haciendo en Mota del Cuervo.


Paralelismos en la obra de Cervantes que afianzan la hipótesis sobre Mota del Cuervo

Además, hay que tener en cuenta que, dentro de la bibliografía de Cervantes, en dos de sus obras memorables se citan emplazamientos reconocibles de la Mancha Santiaguista probable: el Quijote y el Persiles.

Cervantes escribió simultáneamente ambas obras, y sitúa en el Persiles escenas importantes acontecidas en lugares como Quintanar de la Orden. Además, vuelve a referirse a aquel lugar de la Mancha de cuyo nombre no se acuerda, cuando dice:

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero…

(I, 1).

Dos obras que Cervantes escribió simultáneamente, según él mismo cita en el Quijote. (II,Prólogo al lector)

Y también utiliza una expresión parecida en el Persiles, cuando sus protagonistas salen de Quintanar de la Orden, en dirección a Valencia, y se refiere a ese siguiente lugar, del que tampoco se acuerda, pero que la geografía se obstina en llamar Mota del Cuervo:

 […] El hermoso escuadrón de los peregrinos, prosiguiendo su viaje,  (hacia Valencia), llegó a un lugar, no muy pequeño ni muy grande, de cuyo nombre no me acuerdo.

(El Persiles, III, cap. X).

El otro paralelismo cervantino se encuentra en la referencia, de nuevo, a Quintanar de la Orden como el lugar donde se compraron los perros Barcino y Butrón en el Quijote (2,74). Y uno de esos animales, Barcino, aparece mencionado precisamente en el Coloquio de los Perros (pág.5).

Pintura de Felipe Alarcón Echenique, representando la escena de El Persiles, donde los peregrinos Periandro y Auristela, procedentes de Quintanar de la Orden, llegan al siguiente pueblo, en dirección a Valencia, Mota del Cuervo.

Conclusiones

“En un lugar de la Mancha…” no sólo es la premisa inaugural de una de las grandes obras de ficción de la literatura universal, sino que es una enigmática indefinición geográfica que ha mantenido ocupadas durante siglos las elucubradoras mentes académicas y estudiosos del legado cervantino a ubicar el emplazamiento real, a pesar de que el autor invitaba a las villas de la Mancha en su conjunto a ahijársele y tener al Quijote por suyo.

Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero. 4).

(II, 7

De todas las villas de la Mancha según los indicios, marcas geográficas e itinerarios nombrados por los que discurren don Quijote y Sancho Panza, hacen de Mota del Cuervo, en otro tiempo perteneciente al ‘antiguo’ Campo de Montiel, una firme candidata tal y como también defienden numerosos investigadores (ver Anexo).  

Se podría, pues, aseverar que Cervantes no se contradice al decir que “Y era la verdad que por él caminaba” refiriéndose a que su caballero andante iba por el Campo de Montiel y por La Mancha al mismo tiempo, pero por el ‘antiguo’ Campo que él conoció en su juventud y que cuando regresó de su larga ausencia se había reducido.


Notas al pie de página:

[1] Según el estudio histórico-geográfico, la Hitación de Wamba, de Antonio Blázquez (1907), bibliotecario perpetuo de la Real Sociedad Geográfica.

[2] El original del documento se encuentra en el archivo municipal de Villanueva de la Fuente (Ciudad Real) Cajón 365, núm.2. Existe también una copia en el Archivo Histórico Nacional (AHN).

[3] Bernabé Chaves, en su Apuntamiento legal sobre el dominio solar que por expresas reales donaciones pertenece a la Orden de Santiago (apartado 44), también recoge la relación de términos y pueblos que conformaban entonces el Campo de Montiel. Incluye Criptana, El Cuervo, Manjavacas, La Figuera, etc., como podemos observar en la imagen del “Listado de los términos y pueblos que componían el antiguo Campo de Montiel”

[4] Según la transcripción de CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F. J., Villanueva de los Infantes en las Relaciones topográficas de Felipe II, en Cuadernos de Estudios Manchegos (Ciudad Real), nº 3 (1973) 111-131.

[5] Según consta en el Archivo General de Simancas: Consejo y Juntas de Hacienda. Legajo 324,199

[6] Así lo declaran el 2 de diciembre de 1575, en las Relaciones de Felipe II, los vecinos de Campo de Criptana designados al efecto: Alonso Sánchez Rubio y Cristóbal Miguel.

[7] Este apartado es un resumen del libro Lo que Cervantes calló, referenciado en la biografía, obra del autor de esta ponencia.

[8]  E. Lillo (2017). El Capitán Abenzaida en la Guerra de la Alpujarra, (pág.243). Relata cómo, después de la Guerra de las Alpujarras (1561-1568), varias familias de moriscos de apellido Ricote se asentaron en estos pueblos de la Mancha. (AHN,7356)

[9] Archivo General de Simancas. Expedientes de Hacienda (legajo 332, año 1588).

[10] Según E. Lillo, en su artículo Cervantes o la maldición de los Ovando, publicado en la Revista de la A. Historia de Mota del Cuervo (5, pág.5), al fallecer el padre de Nicolás de Ovando, Luis Carrillo, en un naufragio, cerca de San Cristobal de la Habana, este tuvo que liquidar sus bienes y el alcaide Hernando de Ovando ejerció como jefe de la familia. Al parecer ni él, ni la madre de Nicolás, permitieron el enlace entre Nicolás y Andrea de Cervantes.

[11] Eduardo Jiménez Rayado, Santiago Muriel Hernández y otros, “Libros de visita de la Orden de Santiago, I y II” (2009)

[12] El 3 de octubre de 1971, Andrés Bartheloten, se hace eco en el Diario ABC de las teorías de Pedro de Novo: “ Los argumentos son bien conocidos: Proximidad de El Toboso, proximidad del Campo de Montiel, proximidad de Criptana… y también alude al capítulo X del tercer libro de Persiles y Sigismunda, donde vuelve a referirse al siguiente pueblo, saliendo de Quintanar hacia Valencia, en donde tampoco quiere acordarse.


Anexo con la relación de autores y obras que defienden la ubicación de Mota del Cuervo como el “lugar” de la Mancha

Rafael López de Haro (1876-1966). Notario y reconocido novelista, ensayista, autor de teatro e investigador. En su obra El lugar de la Mancha (1906) defendía que la ubicación en Mota del Cuervo.

Pedro de Novo y Fernández Chicarro (1884 -1953). Geólogo, ingeniero de minas, académico de Ciencias Físicas, Naturales y Exactas, escritor e investigador. Defiende en 1944, en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones (Tomo LII), que Mota del Cuervo es ese “lugar de la Mancha” al que se refería Cervantes.[1]

Luis Astrana Marín (1889 – 1959). Posiblemente uno de los más importantes biógrafos de Cervantes. Defiende en 1958, que Mota del Cuervo podría ser el “lugar del Persiles”. Lo hace en el volumen VII de su obra Vida Ejemplar y Heroica de Miguel de Cervantes Saavedra. Indica como en el capítulo X, del libro III, del Persiles, Cervantes no se acuerda de ese lugar “no muy grande ni muy pequeño, ya citado más arriba”. Astrana Marín ubica a los protagonistas en Quintanar para llegar a Mota del Cuervo, el siguiente pueblo en dirección a Valencia.

José Guerrero Martín (Valladolid, 1941). Autor de diversos libros sobre Cervantes, recoge en su obra El misterioso lugar de La Mancha (Barcelona 2016) que el emplazamiento podría ser Mota del Cuervo.

Pascual Uceda Piqueras (París, 1965). Filólogo hispánico especialista en la obra de Cervantes. Defiende en su libro El Testamento Heterodoxo de Cervantes en el Persiles (Barcelona 2017), que el lugar de la Mancha, del que Cervantes no quería acordarse, se corresponde con Mota del Cuervo (pág. 354).

Bibliografía

ASTRANA MARÍN, L. (2003) Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes, Instituto Editorial Reus, 1948–1958), siete vols.

CERVANTES SAAVEDRA, Miguel

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(1605 y 1615) El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, Madrid.

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 (1613) El Coloquio de los perros. Madrid.

CHAVES, Bernabé (1740?). Apuntamiento legal sobre el dominio solar, que por expresas reales donaciones pertenece a la Orden de Santiago en todos sus pueblos. Madrid?

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(2017) El Capitán Abenzaida en la Guerra de la Alpujarra. Autoedición ISBN 978-84-697-8809-7.

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