“Moteños en ultramar” y “Antiguos Oficios”

Mi afán de bucear en la historia reciente de Mota del Cuervo, me lleva con frecuencia a indagar en la memoria de nuestros mayores. En este caso se trata del Dr. D. José Zarco Castellano, un ilustre moteño, intelectual nonagenario, médico pediatra de profesión, gran conversador y amigo, al que con relativa frecuencia, he venido realizando visitas a la casa que, el mismo, tiene en Madrid, muy cerca de la calle Princesa, con el objetivo principal de pasar un buen rato hablando de cosas del pasado y para indagar en su prodigiosa memoria lejana, y conocer aspectos de la historia y de la vida de Mota del Cuervo. Nuestro protagonista, a pesar de los años, aún se mueve con cierta soltura y me recibe siempre con una amplia sonrisa en su rostro, en un piso señorial, con señas de identidad moteñas plasmadas en unas amplias cristaleras a la entrada, donde tienen tallados unos molinos de viento manchegos. En la mesa de la sala, nos esperan unos aperitivos y unas bebidas preparadas con primor por María Luisa, su mujer.

Tanto José Zarco como yo, pertenecemos a la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo, concretamente él es el presidente de honor. A ambos nos guía el cariño hacia nuestro pueblo y su historia. En esta ocasión, en su interés por transmitir sus conocimientos y sus vivencias del pasado, el Dr. Zarco me tenía preparados unos papeles con anotaciones antiguas, siempre sobre Mota del Cuervo y sus gentes, con el objetivo de centrar la conversación y seguramente con la intención de fijar esos datos, ahora tallados en su memoria y pasarlos a un medio escrito, o publicarlos en algún artículo como éste que facilite el conocimiento de los mismos a las generaciones futuras.

Uno de esos papeles contiene una pequeña lista de personas, escrita a mano por él, con los nombres de los moteños  que se desplazaron a combatir en ultramar, tanto en América como en Asia, y el otro es un viejo artículo suyo sobre los antiguos oficios ambulantes, que él mismo publicó hace ahora once años, y sobre el que me pide que amplíe algunos otros oficios que él no contempló en su día y a los que añadiré por mi cuenta algunas fotos explicativas. Así las cosas, nos ponemos manos a la obra y comienza la animada conversación. A veces nos resulta difícil centrarnos en un tema, por las derivas que toma la charla que nos lleva, a cada momento, a recordar a otras personas, sus avatares, o sitios relacionados. En cualquier caso estas tertulias son muy agradables.

COMBATIENTES MOTEÑOS DE ULTRAMAR

Como digo, uno de esos papeles que me entrega es una pequeña lista con los nueve combatientes moteños de ultramar. Paisanos nuestros que habían luchado en la Guerra de Filipinas y en la de Cuba, que como sabemos fueron territorio español hasta el año 1898.

Personalmente siempre he tenido curiosidad por conocer Cuba, país que tuve la suerte de recorrer en el año 2003, y en donde pude constatar la gran herencia española reflejada en sus numerosos blasones que aún se conservan y en sus numerosos palacios con patios de columnas al estilo español. Recuerdo especialmente el Casino Español (hoy rehabilitado como Palacio de los Matrimonios), con su gran salón de baile, en cuyo techo están pintados los 49 escudos de las antiguas provincias españolas. Primero busqué el de la provincia de Cuenca y después al recorrer con la vista el resto de provincias, me llamó la atención otro escudo, que ocupaba el tamaño y la posición similar a los del resto, pero que no pertenecía a una provincia, sino a Piloña, un concejo asturiano de donde salieron para Cuba muchos emigrantes.

casino-espanol-de-la-habanaAntiguo Casino Español de la Habana, con los escudos de las provincias españolas en su salón de baile

Hoy todavía es posible contemplar en la Habana muchas casas parecidas a las de Cádiz, aunque algunas muy deterioradas por el paso del tiempo y por la precariedad de sus reparaciones. La falta de presupuestos en su momento para llevar a cabo esas rehabilitaciones/demoliciones, paradójicamente ha conseguido que, ahora, podamos disfrutar de ellas en su conjunto, gracias a la sensibilidad de los actuales rehabilitadores. Su contemplación nos hace viajar en el tiempo, para retroceder al 1898 y apreciar la arquitectura tal y como era en la época española, algo que, lamentablemente, no se suele dar en España, donde ese tipo de edificios han sido desplazados, e intercalados por otros en donde dominan el cemento el vidrio y el acero. Casas modernas que se han intercalado junto a otras, sin tener en cuenta el conjunto arquitectónico. En cambio en la Habana vieja aún podemos observar grandes casonas de estilo español, que antaño eran unifamiliares y que hoy se han convertido en casas vecinales, cuyas habitaciones ocupan con sus familias muchos descendientes de aquellos primeros habitantes de la época colonial.

Cuando los moteños que citaremos a continuación tuvieron que desplazarse para defender las posiciones de ultramar, eran unos años difíciles para nuestro país, por la frustración que supuso la pérdida de las últimas colonias en América y en Asia, a consecuencia de la derrota que sufrió España en la guerra frente a Estados Unidos, que se puso de parte de los insurrectos en las colonias españolas. Ese país comenzaba en aquella época a emerger como una gran potencia, a la que España, tras la firma del Tratado de París, tuvo que ceder Puerto Rico, Cuba y Filipinas. Territorios que aún tardarían años en recuperar su propia independencia. Un esfuerzo infructuoso de miles de soldados españoles que trataron de conservar dichas colonias. De Mota del Cuervo salieron nueve soldados, que alcanzaron diferentes graduaciones. Uno de ellos llegó a ser capitán. El contingente de tropas españolas en Cuba fue muy numeroso, hasta llegar en 1898 a la cifra de 185.000 soldados, a los que habría que añadir 82.000 voluntarios. Los datos que recuerda José Zarco sobre nuestros paisanos en esas guerras no son muy completos. De algunos solo sabemos el nombre o el apodo. En otros casos recuerda la familia de procedencia y sus actuales descendientes. Estos fueron esos intrépidos moteños:

Modesto, al que apodaban “El Esquilaor de mulas”, por ser ese el oficio que ejerció a su regreso. De los 44.000 soldados españoles que participaron en la guerra de Filipinas, Modesto fue el único moteño. Se desplazó nada menos que a 12.000 km. de su pueblo para defender aquel territorio. Una distancia que, hoy en día, los modernos aviones surcan en más de 17 horas de vuelo.

El Carabinero,  del que solo conocemos su apellido: Díaz. Recibe su apodo porque a su regreso de Cuba estuvo trabajando de carabinero. Su mujer era de fuera de la Mota y era curandera

Martín Morales, Al que dieron en llamar “Martín Habana”, por ser en aquella ciudad cubana donde estuvo combatiendo. Era el padre de Lucinio y Doroteo Morales, abuelo de Antonio y Carmen Morales (hijos de Lucinio) y de Angel y Martín Morales (Hijos de Doroteo)

Francisco Martínez-Bascuñan. El padre de los hermanos: Agapito, Gregorio, Gabriel y Francisca Martínez-Bascuñan y abuelo de Francisco y Aníbal Martínez Bascuñana.

Miguel Gallego, abuelo de Lucio Gallego. Este moteño cambiaba ascensos por condecoraciones, llegando a acumular un buen número de ellas. Cuentan que fue muy valeroso y que cuando regresó a la Mota, a pie desde la estación de Río Záncara, al ver el humo de los hornos de los cántaros lloró de emoción.

Lorenzo Gallego, hermano del anterior

Matías Rodríguez, que era el abuelo de los Eufrasios: Miguel, Luis y Eufrasio. Este combatiente moteño terminó de capitán. Uno de sus descendientes, José Luis Rodríguez (el pintor), tiene la hoja de servicios de su abuelo Matías, que estuvo en la guerra Carlista y luego en la de Cuba.

Ladislao Peñalver Zarco  El abuelo de los Chumacos. A su regreso tuvo un comercio de tejidos en el Santo. En su juventud había sido seminarista.

Pablo Valbuena, abuelo de la Romana. Este hombre cursó varias instancias para ir, como voluntario, uno de los 80.000 que alistaron voluntariamente para participar en la guerra de Cuba, pero su hermano, que era el cartero del pueblo, retenía esas instancias para que no fuera, hasta que al final pudo cumplir su anhelo de alistarse y viajar a Cuba.

combatienes-en-cuba-abcFoto de combatientes españoles en la Guerra de Cuba en 1898. Fuente: ABC

 

ANTIGUOS OFICIOS AMBULANTES.

Otro de los documentos que me entregó en esa visita, nuestro admirado Dr. D. José Zarco Castellano, es un artículo que él mismo escribió en la revista de las fiestas de Mota del Cuervo en el 2004, en donde se reflejaban una docena de los diferentes oficios de personas que iban vendiendo su mercancía o su oficio por el pueblo. Él mismo me rogó que incluyera algunos otros oficios como el de Liencero. Posteriormente me he encargado de indagar sobre otros oficios, en otras personas longevas de Mota del Cuervo, como Piedad Piqueras Mujeriego, una octogenaria que conserva una memoria espléndida de nuestro pueblo, y que desde su juventud, vive en Barcelona. Desde allí, al otro lado del teléfono, nos ha aportado otros oficios antiguos, como el de Aguaor, o el de Gorrinero. Esta es la recopilación de los diferentes oficios:

EL AFILADOR.- Un oficio que aún no ha desaparecido. Procedían de Orense, venían en ferrocarril y después se desplazaban de pueblo en pueblo andando y empujando su taller ambulante. Consistía éste en una rueda fina, de un tamaño intermedio entre la de un carro y la pequeña de galera. Tenía un artilugio articulado a una pequeña piedra circular de pedernal que, mediante una polea y una tabla le hacía funcionar con el pie. Usaban una flauta plana, que tocaban por las calles para anunciarse y decían: El “afilaor”.

antiguos-oficios-afiladorEl afilador

EL AGUAOR.– Mucho antes de que existiera en la Mota la distribución canalizada del agua potable, venía por las casas el Aguaor. El más conocido era el hermano Pote, que traía con su carro unos diez cántaros de agua del Pozo Seco en cada viaje. La mejor del pueblo. Los vendía a perrilla (0.05 Ptas.), y él mismo se ocupaba de vaciarlos directamente en las típicas tinajas que había en las casas.

EL CASTRADOR DE CERDOS (EL “CAPAOR”).-También tocaba una flauta similar a la del afilador. Casi siempre (no sé por qué llevaba una garrota, explica José Zarco). Paseaba las calles y en la casa que tenían un cerdo macho ejercía sus funciones de castrador, extirpando en vivo los testículos al animal, para que el cerdo ganase más peso y después los productos (tocino, lomo, jamón) no tuviesen el sabor fuerte del cerdo que “padrea”.

EL CIRCO ROMERO.- Se instalaba en la Plaza del Verdinal y era habitual en estas tierras. Como entonces no teníamos feria y, por otra parte no habíamos visto otro para establecer comparaciones, nos parecía muy bueno, quizá extraordinario, visto con la alegría, la fantasía y la ilusión de la infancia. Según cuenta Piedad Piqueras Mujeriego, una de las artistas principales era Pepita Alcalde, que bailaba muy bien. Al finalizar rifaban unas muñecas de papel.

EL ENEERO.- Era la persona que se encargaba de fabricar y/o reparar las sillas de enea, un material trenzado que se usaba para hacer los asientos. Se empleaban las hojas de una planta del género Typha (Typha domingenensis), conocida vulgarmente como espadañas, que crece en suelos encharcados, en lagunas etrofizadas, con alta tolerancia a la salinidad (como la Laguna de Manjavacas). Para recolectarla había que mojarse. Con este material se hacían además otros objetos, como: esteras, cestos y aparejos para las caballerías. El problema en estos últimos, era que era un material que podrían llegar a comerlos los burros.

EL FOTÓGRAFO (EL “RETRATISTA”).- El más conocido era Tomás García de Villanueva de Alcardete. Venía de casa en casa y a alguna boda, con su caja fotográfica con trípode y manga, (por donde metía la cabeza). Estaba considerado como buen profesional, porque no hacía las fotos “al minuto” como otros ambulantes menos cualificados, sino que trabajaba en su casa con sistema de estudio y te traía las fotos después.

antiguos-oficios-fotografo-3 Imagen de un antiguo retratista

EL GORRINERO. Era la persona que vendía gorrinos. Los llevaba sueltos por la calle formando una piara de cerdos jóvenes a los que retenía frente al posible comprador a base de darles de comer unos granos de cereal, hasta que éste elegía los que iba a comprar. Por aquel tiempo casi en todas las casas le compraban uno, en las más pudientes dos. En las casas engordaban el cerdo, al que alimentaban incluso con las sobras de la comida, hasta San Martín, fecha en la que se hacía la matanza. Una verdadera fiesta familiar, que comenzaba muy de mañana y que exigía unos preparativos previos, como la recolección de las aliagas, una planta espinosa de flor amarilla de la familia de las papilonáceas, que arde muy bien. Una vez desangrado el animal, con esa planta se chamuscaba la piel del cerdo, que a continuación, con agua caliente y una teja, se rascaba hasta que quedaba la piel blanca.

EL HELADERO.- Teníamos la suerte de tener en la calle de San Francisco una familia que hacía hielo. Estos iban por las calles, especialmente en días de fiesta, vendiendo helados que ellos fabricaban en una heladera cilíndrica. Eran la delicia de los “chicotes”.

LOS HÚNGAROS.- Eran unos auténticos “Vendedores de ilusiones”, sobre todo para los “Chicotes” y los jóvenes. Se les llamaba así por su procedencia: Eran zíngaros, casi todos húngaros. Alguna chica joven bailaba, pero lo que más nos gustaba a los chicos eran los animales. Traían algún oso, que bailaba al son de una pandereta, monos y alguna cabra que se subía a una escalera y hacía cabriolas. Todo al son de una trompeta. Se situaban en las plazas y les hacíamos corro para presenciar la función. Al final paseaban la pandereta (“Echaban un guante”) y recogían unas monedas. Traían un carromato que aparcaban en el corralillo de una era o en el portalillo de Santa Ana.

EL LAÑADOR (“LAÑAOR”).- Se dedicaban a poner grapas o “lañas” (de ahí el nombre) a cacharros de alfarería y cerámica basta que se habían rajado. También estañaba pucheros y arreglabas paraguas, de aquí que en su pregón decía: Paragüero y lañaor. Para poner las lañas usaba una especie de trompo que accionaba con una cuerda, horadando así los agujeros de la pieza de cerámica, alrededor de la raja, donde agarrarían las lañas metálicas.

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Pieza de cerámica reparada con lañas                  Figura del Lañaor

EL LIENCERO.- Era una persona que venía cargado con rollos de distintas telas, que vendían al corte en las casas, donde las amas de casa aún cosían mucha de la ropa que se usaban, tanto la que se usaba en el campo (que solían remendar) o para la ropa de diario. También compraban tela blanca para sábanas. La más vendida era la de la “Viuda de Tolrá”. Paraban principalmente en casa de las más expertas modistas del pueblo.

EL MATACHIN.-Eran los encargados de matar los cerdos. Sus servicios eran requeridos en las casas para pinchar al cerdo y descuartizarlo después. Era un trabajo que se hacía a primeras horas de la mañana, con el frío. Unas cuantas personas subían al cerdo a la mesa de matar y el matachín pinchaba en el cuello del animal, de una forma certera. Luego colgaban al cerdo y el matachín lo abría en canal y sacaba las muestras para llevarlas al veterinario, que dictaminaba la conveniencia o no del consumo de ese animal. En la Mota teníamos uno en la calle Mayor, Antonio.

EL MIELERO.- Procedían de la Alcarria, porque así lo pregonaban. Llevaban unos búcaros de cerámica (bañados en su interior) colgados a los lados de una mula. Las mujeres salían a la calle con una jarra o una orcilla y compraban la miel para el año.

EL QUINCALLERO O CACHARRERO  (“QUINQUILLERO”).- Estos llevaban el carro entalamado. Compraba o cambiaba alpargatas viejas, pellicas de conejo, etc. por botijos, porrones y bolas cacharreras, que eran la alegría de los chicotes, al ser de más categoría, tamaños y presencia (estaban esmaltadas) que nuestras humildes bolas de las cantarerías, más pequeñas y ásperas También vendía o cambiaban algarrobas, que para nosotros era un manjar, nos cuenta José Zarco.

EL RELOJERO.- Era también joyero. Recuerdo a la Felicidad y, sobre todo a un buen hombre de la Puebla de Almoradiel al que le llamábamos “Conciencia”, porque para garantizar sus productos, decía: Esto es “a conciencia”. Llevaba una caja al hombro con unas bandejas de varios pisos que estaban forradas de terciopelo y allí llevaba sus relojes, medallas, pulseras, cadenas, pendientes, etc.

EL SALCHICHERO.- El más conocido era Plácido, de Salamanca. Usaba blusa y gorra negras y llevaba un costal con la mercancía y una romana pequeña. Iba de casa en casa vendiendo sus embutidos, muy varios y de buena calidad. Se daba la feliz circunstancia de que tenía un gran parecido físico con el Papa Pablo VI.

EL SARTENERO.- Se anunciaba repicando con mucho arte sobre una sartén vieja con un objeto metálico, probablemente un cucharón. Llevaba una mula llena de sartenes y peroles. Vendía sartenes nuevas, pero también arreglaba las viejas: les echaba un remiendo, les ponía una pata, etc. Y lo más característico era que parecían africanos por el color de su cara, siembre embadurnada por el “tizne” de las sartenes.

EL TRILLERO.- En la Mota había uno fijo, Salvador Reillo, que era fabricante de trillas, un artilugio agrícola que se utilizaba en la era para desgranar el cereal. Este trillero venía de Cantalejo (Segovia). Llevaban una capacha de esparto (parecida a la de los “matachines”) y en su interior pequeñas piezas de pedernal, las “pernalas” y un martillo muy pequeño, todo de hierro, que utilizaban para colocar las pernalas caídas en la campaña anterior. Por eso venían por los meses de Abril y Mayo, antes de empezar la trilla. Eran muy hábiles en el manejo del martillo para clavarlas bien y no romperlas.

TrillaLa trilla es un artilugio de madera con piedras de pedernal o de sílex incrustadas que servía para desgranar el cereal en la era

EL ZAHORÍ.- Es la persona que busca las corrientes de agua subterráneas, y que indica los sitios concretos para excavar los pozos que abastecieran de agua. Para ello utilizaban unos utensilios sencillos como: el péndulo, o las varas tiernas de avellano en forma de “V”. El porcentaje de aciertos era bastante alto. Caminaban por la zona portando sus varas en alto y cuando llegaban al sitio donde ellos percibían una corriente estática, las varas se movían hacia el suelo indicando la existencia de una corriente subterránea de agua. Después con la ayuda del péndulo fijaban el sitio exacto donde excavar para hacer el pozo. Este es un oficio que aún subsiste.

Otras personas, me cuenta Piedad Piqueras Mujeriego, se dedicaban a vender objetos de lo más curiosos, como el hermano Zumba (este apelativo de hermano/a se empleaba en Mota del Cuervo para denominar a las personas mayores). Este hombre vivía en el edificio de la Tercia, un edificio donde antaño se recaudaban los tributos en especie. Una casa sin corral. Fabricaba hisopos para blanquear las paredes con cal. Él mismo también blanqueaba. Otro personaje, el hermano Hilario, voceaba por las calles su mercancía: “Laurel y limones”, o la hermana Pepa, que vestía completamente enlutada, con un pañuelo a la cabeza, que iba por las calles de la Mota cambiando pellicas de conejo por unas llaves de dulce que ella misma elaboraba. Aún recuerdo a esta mujer, que cuando se le preguntaba por su edad, respondía igual que los franceses, decía los años que tenía de la siguiente forma: “cuatro veintes y diez”, para decir que tenía 90 años (en francés: “quatre vingt dix” ).

Agradezco a las personas que me han facilitado el conocimiento de estos temas, especialmente al Dr. José Zarco Castellano, por la detallada información sobre los combatientes de ultramar y de la mayoría de estos oficios antiguos en Mota del Cuervo aquí reflejados. Desde aquí quiero también hacer un homenaje a esos moteños que combatieron en ultramar y a esos profesionales que deambulaban por nuestra tierra procurando su sustento a base de vender sus mercancías o prestando sus servicios.

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José Manuel González Mujeriego, 12-01-2017
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Miembro de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo.

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Las apariciones de Juan de Rabé – Actuaciones de la Inquisición en Mota del Cuervo

Juan de Rabé era un pastor vecino de Mota del Cuervo, nacido a finales del siglo XV, que fue denunciado y condenado por la Santa Inquisición por relatar unas falsas apariciones. La primera en 1514,  de la Virgen  María, que según él estaba vestida de blanco y montada sobre un burro. El lugar de la supuesta aparición fue en un viñedo que pertenecía a su primo Francisco Martínez, en el vecino pueblo de Santa María de los Llanos.  En 1516 también relató que se le apareció San Sebastián en un paraje cercano al Toboso.

Mucha gente dio crédito a la supuesta aparición de la Virgen. Hubo testigos que declararon que habían visto como el sacerdote de Santa María de los Llanos había ido en procesión desde la iglesia y como pusieron una cruz en el lugar de la supuesta aparición.

Juan de Rabé vivía y trabajaba como bracero en  Mota del Cuervo, cuando fue denunciado el 28 de marzo de 1517 por Magdalena la esposa de Diego del Pozo (vecino de Santa María de los Llanos). Fue apresado en las cárceles de la Inquisición y posteriormente llamado para prestar juramento y  declarar ante el Tribunal del Santo Oficio en Cuenca, en febrero de 1518.

Dintel de familiar de la Inquisición
Dintel de familiar de la Inquisición en Mota del Cuervo 1683

El inquisidor Juan Yáñez, le tomó declaración y le fue preguntando cómo se llamaba, a lo que respondió:

(1)“Que se llama Juan  de Rabé, hijo de los defunctos Juan de Rabé y de Ynes Rodríguez,  vecinos que fueron de Villaverde e de allí naturales christianos viejos de todas partes, e que no tiene más que una hermana que vive en la Mota, que se llama María de Rabé, que es casada con Pedro García, labrador, vecino de la dicha villa de la Mota.”

A la pregunta de si es casado o había sido respondió:

“Que no,  porque no había hallado quien bien se hiciese, e que es de edad de cinquenta años poco más o menos”.

Preguntado sobre qué hacienda tenía, dijo:

“Que no tenía ninguna hacienda, salvo que se mantiene de su trabajo cavando y arando y a las vezes siendo pastor e quel año pasado antes deste hera pastor”.  

Preguntado que donde había vivido estos años pasados, dijo:

“Que en la dicha villa de la Mota y en Sancta María de los Llanos”, preguntado si sabe en qué año vivimos, dijo “Que no sabe, aunque sabe ques el mes de hebrero”.

Posteriormente le preguntaron si sabía rezar el Credo y el Salve Regina, a lo que contestó que no, y si sabía el Padre Nuestro y el Ave María, a lo que respondió que sí y fue mandado a que lo dijese. Dijo completo el Ave María y el Pater Noster aunque no bien sabido. Fue preguntado por su Reverencia si se ha confesado cada año como manda la Santa Madre Iglesia, y dijo:

“Que cada quaresma de cada vn año se ha confessado en la dicha villa de la Mota con el cura viejo y que ha rescibido el sanctissimo sacramento cada que se confessava”.

Preguntado si sabía los diez mandamientos y los artículos de la fe y los siete pecados mortales y si sabía los cinco sentidos, dijo:

“Que no sabe nada de todo esto ni parte dello”.

Fue preguntado si la soberbia, o  la envidia, o la lujuria, o matar a algún hombre era pecado. A lo fue respondiendo que “No sabe”. Posteriormente le preguntaron si hurtar era pecado, a lo que respondió:

 “Que nos guardase Dios que hurtar hera muy grande pecado”.

Preguntado qué cosas eran las que confesaba, pues no confesaba pecados ningunos, dijo:

“Que yendo este confitente a cavar en una vyña pude aver quatro años a Sancta Maria de los Llanos que hera de vn primo suyo que se dize Françisco Martínez solo y llevaua vn açadon para cavar y vna bota y su pan para comer yendo por el camino oyo vu trenuedo grande en el çielo y estonçes dixo este que depone o valame Dios del çielo raso esta el çielo como trenueda y mirando hazia el lugar dixo que avya oydo otro trenuedo y vyendo como estaba raso dixo valame Dios ques esto y que en esto miro a sus pies y dixo que avya visto a nuestra señora la Virgen María cabe (junto a) sus pies, e que le paresçio que hera como vua niña chiquita e que venia cabalgando en vn borriquito chiquitico e bestida de blanco”.

Preguntado de qué color era el borrico, dijo:

“Que hera muy hermoso que no sabe de que color hera”. También le preguntaron que quien venía con ella y respondió: “Que no venía otra persona ninguna”.

Después le preguntaron que como sabía, o quien le dijo que aquella era Nuestra Señora, dijo

“Que ella misma se lo dixo, e que la avya dicho o cuanta mala gente ay en este tu lugar que no hacen sino jurar y perjurar a mi hijo e que no bastava los hombres sino que tanbien las mujeres. Y que le fuese a decir a tdodo el pueblo y al cura que tomasen la cruz y fuesen en proçissyon hasta el sancto cabero questa en el Pedernoso o hacia el Pedernoso y que pusiesen vna cruz donde avya venido i aparesçido a este confidente. Y asy fue luego a dezirgelo a todos, y vinieron luego con vna cruz y la pusieron en el mismo lugar que este confitente los dixo que la avya aparesçido nuestra señora; y de allí fueron al dicho sancto cabero que puede estar de allí mas de quatro tiros de vallesta e después que se tornaron luego al lugar en prcessyon y que antes que fuesse a decir al pueblo aquesto que la avya dicho se le avya desaparesçido e que nunca mas la vydo e que esto hera vn sábado por la mañana y que le dixo que no lo dixiese hasta la tarde e que asy lo hizo y que no le quería absoluer el clérigo hasta que el domingo luego lo dixo antel pueblo en la yglesia”.

Preguntado si Nuestra Señora, la que dice que vio, traía en sus brazos alguna criatura, dijo

“Que no le avya visto nada sino como venía sentada en el borriquito”.

Preguntado si sabía si era borrico o mula, dijo:

“Que no sabe sino que le paresçio borrico y muy bonito, e que nunca otra bez ninguna se le aparesçio saluo la que dicha tiene, pero que otra vez dende a dos años se le aparesçio sanct   Sevastian en los llanos de casa sola e que traya vn vestido de pardo y con sus saetas con sangre e que traya vna corona de oro corno a manera de estrella y que hera tan alto como la meitad deste que depone y benia solo y que hera vna mañana antes que almorzase este deponente andando con ganado de Christoval Sanches de la Mota, y le dixo como hera Sanct Sevastian y nuje le dixo que fuesse al Toboso porque murían estonçes mucha gente de pestilencia e los dixese que hiziesen dos hermitas la vna en el çerro espartose e que les avya manaddo hazer nuestra señora que no avya querido hazer hasta que torno aquella mortandad como antes las avya avydo como ella vya mandado y la otra baxo del señor Sanct Pedro la qual esta començada a hacer y que no sabe de que santo saluo que la del çerro espartoso les mando que fuese de señor sanct roque”.

Visto por sus Reverencias la confesión del dicho Juan Rabé y todo lo que más debió ver y examinar, fallaron que le debían mandar y le mandaron dar cien azotes por las culpas que contra él resultan de su confesión, los cuales le mandaron dar públicamente por las calles acostumbradas de esta ciudad a voz de pregonero y después le mandaron de vuelta a la cárcel de la inquisición para informarle de lo necesario para la salud de su alma. Después le dejaron en libertad y le mandaron que, en adelante, se cuidara de andar publicando las vanidades por el confesadas, dado que son perjudiciales a la santa fe católica y a las almas de las personas que pudieran oírlas.

Esta sentencia fue dada el 17 de febrero de 1518, y fueron testigos Lope Suarez Allid y Francisco de Hoyos, portero del santo oficio, ante el notario Francisco Jiménez.

En esta época tanto en España como en Italia eran frecuentes las apariciones de este tipo. En Quintanar de la Orden también hubo, en 1523,  un caso de aparición de la Virgen protagonizado por Francisca la Brava, también procesada por la Inquisición. Un periodo donde las epidemias y las plagas eran frecuentes, y este tipo de apariciones eran sucesos aceptados de, alguna manera, por el pueblo.

El V Concilio de Letrán, en 1516,  vino a regular la supervisión papal sobre estas apariciones antes de su difusión pública. La Inquisición, como jurisdicción especial en la lucha contra la herejía, extendió su atención a estas apariciones, además de perseguir las prácticas judías y musulmanas de una manera atroz.

En Mota del Cuervo aún quedan vestigios de la Inquisición, como son: La Plaza de la Cruz Verde, donde se situó la picota (desaparecida posiblemente por un rayo), un escudo de la Inquisición del año 1738 y un dintel del año 1683 perteneciente a un familiar de la Inquisición, ambos con las enseñas de la Inquisición: la cruz, la espada y una rama.

Escudo de la Inquisición en Mota del Cuervo
Escudo de la Inquisición en Mota del Cuervo, año 1738 (foto y recreación virtual (2) de jmgm)
  • (1) Las contestaciones de Juan de Rabé están escritas en castellano antiguo.
  • (2) ) Para aquellos que se acerquen a ver este escudo de la Inquisición, situado en Mota del Cuervo, junto a la plaza de la Aldea, podrán observar las notables diferencias respecto de la recreación virtual del mismo que aparece en este artículo. La cuestión es que, en su último traslado este patrimonio ha sufrido graves desperfectos en su colocación, de manera que el cuerpo del escudo aparece ahora invertido, con el resultado de que el medallón con la cruz flordelisada, la espada y el ramo de olivo, están situados erróneamente en la parte superior del escudo y lo que iría arriba, está ahora abajo. También el operario que lo colocó, falseó intencionadamente la fecha original de 1738, cincelando una raya debajo del siete para formar un 4, de forma que ahora se lee 1438, fecha imposible para este escudo, ya que la inquisición fue creada en España en 1478 (50 años después de lo que pone ahora este escudo). La fecha correcta es 1738.

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Escudo falseado de la Inquisición en Mota del Cuervo

Bibliografía:

-THE LIBRARY OF IBERIAN RESOURCES ONLINE – Apparitions in Late Medieval and Renaissance Spain – William A. Christian, Jr. – 12. La Mota del Cuervo, c. 1514, and El Toboso, c. 1516. Inquisition of Cuenca ADC Inquisición, Leg. 71, num. 1039.

-Apariciones en Castilla y Cataluña (Siglos XIV-XVI) – Página 318, de William A. Christian. 1990

-Sueño y ensueños en la literatura castellana medieval y del siglo XVI, Página 155, de Julián Acebrón Ruiz -2001

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Autor: José Manuel González Mujeriego
Publicado en  Julio 2012

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Miembro de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo.

Los segadores de Mota del Cuervo

los-segadoresCartel anunciador de la película de J.A. Bardem, “La Venganza”

TVE ha vuelto a emitir la película “La Venganza”, escrita y dirigida por Juan Antonio Bardem, que obtuvo el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes y estuvo nominada al Óscar a la mejor película extranjera.La película fue rodada en la década de los años 50 del siglo XX, en diversos pueblos manchegos, entre los que están:  Mota del Cuervo, Las Pedroñeras, El Toboso, Membrilla…, y en donde se narran las penurias y calamidades que por aquel tiempo sufrían los segadores, que iban de pueblo en pueblo buscando trabajo, a veces en competencia feroz con los segadores de cada uno de esos pueblos. Esta película, que en origen se iba a llamar “Los Segadores” y que por su coincidencia con el himno catalán, la censura de aquellos tiempos les obligó, no solo a cambiar el título por el de “La Venganza”, sino que entre otras cosas les hicieron cambiar la época en donde se desarrollaba la acción, para evitar así transmitir al exterior una imagen pobre de la España de la postguerra, especialmente por la crudeza de algunas de sus escenas, en las que se reflejaba la penuria de los campesinos. Por estas circunstancias, la película revela que la acción se desarrollaba en el año 1931, época que coincidía justo tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII.

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Una de las escenas más multitudinarias, se desarrolla en la Plaza de la Cruz Verde de Mota del Cuervo, lo que nos ha permitido hacer un viaje en el tiempo, al permitirnos contemplar cómo era, hace sesenta años, esa plaza y hacernos una idea de cómo era el resto del pueblo:  con sus casas bajas, perfectamente encaladas, con sus calles de tierra, con una tosca fuente de cemento en el medio de la plaza, con sus dos piletas enfrentadas para llenar los famosos cántaros moteños. La tienda de la Nemesiana, en la esquina de la calle mayor, la vestimenta de sus actores, especialmente la de los campesinos, con esos blusones típicos de la época que lucían los hombres, que junto con el pañuelo a la cabeza, y bajo el sombrero , aliviaban ese tórrido sol de la Mancha en la época de la siega, con esas albarcas en los pies, algunas realizadas con ruedas de neumáticos…. Las mujeres con esas sayas largas y oscuras, muchas de ellas motivadas por los largos años de luto por el fallecimiento de algún familiar, con sus característicos mandiles y  con sus típicos pañuelos ajustados a la barbilla y, que nos recuerdan una posible influencia árabe.

Con la reposición de esta película,  ha llegado a mi memoria un panfleto, una soflama  u octavilla reivindicativa, que hace tiempo me facilitó una pariente nonagenaria, Piedad Piqueras Mujeriego. Octavilla impresa a dos caras, que aún conserva el color sepia del papel que se utilizaba en la época,  perfectamente doblada en ocho partes, y con los datos de la imprenta madrileña al pie de una de sus caras (TIP. FERREIRA.- Dr. Mata, 3 MADRID). Me contaba mi pariente, que ésta soflama fue lanzada al vuelo por los segadores junto a otras muchas, y que fue recogida por una de sus hermanas mayores, una persona –me dice- cultivada y que le gustaba leer el periódico todos los días.  Algo muy poco común en su época, tratándose como era, de una mujer. Esta hija de Maria Rosa  recogió del suelo este pasquín, en la plaza mayor de la Mota, justo enfrente de su casa, cuando venía de comprar el periódico ABC para el bar que regentaba su padre, en esa misma plaza, allá por los años 30, antes de la guerra civil española.

Reproduzco a continuación el anverso y el reverso de ese pasquín.:

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Al tratarse de segadores, no he podido resistir la tentación de mostraros este documento original, que representa una parte de la historia relativamente próxima de nuestro pueblo. Este panfleto, por la valentía que reflejan esos “cantares” firmados por “Doroteo Muñoz CAPOTE”, el Capitán de la Comparsa de Segadores, que amparándose en los carnavales, donde la permisividad era mayor, nos muestra la forma de vida, no solo de los segadores de la época, sino de los yunterillos, y de los labradores a sueldo de los grandes agricultores. Aunque al final, la película muestra la reconciliación entre los rivales, en la vida real, hemos visto que no es tan fácil esa reconciliación. Lamentablemente un tema muy sensible aún en nuestro pueblo, a pesar de los años transcurridos y del progreso económico. Con este documento, solo pretendo recordar el momento social de Mota del Cuervo y su entorno en aquellos años treinta. Un texto que habla por sí solo de las penurias de los pobres segadores, del respeto con que exponen esta “comparsa de segadores” sus reivindicaciones, y quizás con el temor de no enfrentarse con estos relatos a los posibles empleadores.

Me cuenta mi pariente que aún se acuerda, como en aquella época, las cuadrillas de segadores que  llegaban a la plaza mayor de Mota del Cuervo, con sus mujeres e hijos pequeños, llorando, envueltos con trozos de sábanas dentro de las “agüaeras” de sus borricos, “aparcados” en la acera de los Marrodanes, cobijados bajo la sombra del voladizo de la “portá”, o de los campamentos de gitanos que se establecían junto a la Ermita de Santa Ana, a la entrada del pueblo. También de las colas de personas que se formaban en las puertas de las casas grandes, que con el objetivo de recabar un “centimillo” de peseta  (0,01 céntimo de peseta), rezaban por las ánimas del purgatorio y por los difuntos de esa casa, hasta que salía el ama con la limosna. Eran otros tiempos,  que obligaron a muchos moteños a emigrar a Barcelona, a Valencia, o a Madrid.

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Autor: José Manuel González Mujeriego
Publicado en octubre de 2015

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Miembro de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo.

La Mota en los años treinta

Muchas veces vemos pasar el tiempo sin pensar en el pasado. Solo cuando se alcanza una cierta madurez se suele despertar el interés por conocer la historia de nuestros antepasados, sobre cómo vivían, sus costumbres…Quizás buscando los orígenes familiares.

En ese afán de curiosidad, hace poco tiempo cayó en mis manos un anuario industrial y comercial que estaba en el fondo de una estantería, en la cámara de mi casa en Mota del Cuervo, un documento que databa del año 1931. En él se detallan, pueblo por pueblo, sus coordenadas geográficas, su número de habitantes, si tenían telégrafo, estación de ferrocarril, la distancia a la capital de la provincia y posteriormente se detallan todos y cada uno de los negocios, comercios y artesanos existentes en cada pueblo.

Rápidamente me fui a buscar, en la provincia de Cuenca, la Villa de Mota del Cuervo y reconocí a muchos apellidos de los antepasados recientes de nuestros paisanos, aunque muchos de los comercios y negocios que allí se citan hoy ya no existen, y vi como había oficios y profesiones que hoy han desaparecido, como:

Las 3 Abacerías que eran tiendas en donde vendían principalmente legumbres secas a granel, habas (quizás de ahí su nombre), vinagre, aceite, azúcar, sal, especias, etc. En la Mota las tres Abacerías coexistían con otras 2 tiendas de Comestibles

interior-de-una-abaceriaInterior de una Abacería (foto: blogabaceria.es)

Los 3 Albarderos hacían albardas cabezados, estribos, alforjas… para la protección del animal y la sujeción del “Yugo”.

albardas Albardas

Las 2 Caldererías que se dedicaban a la fabricación y montaje de todo tipo de trabajos en hierro, zafras para el aceite, venta y reparación (estañado) de sartenes, calderos de cobre, pucheros…

zafra Zafra para el aceite

Otras actividades han cambiado su relevancia. Llama la atención el número elevado de Lecherías; había siete para un pueblo de 3.511 habitantes (según este anuario y 4.171 según el INE de 1930), que seguramente se correspondería con gente que tenía vacas, o rebaños de ovejas y vendía la leche fresca del día, dado que no existía otra posibilidad de conservarla más que fabricando queso, nuestro fabuloso queso manchego. Cuando yo era un niño recuerdo como la gente iba cada día a buscar la leche a las vaquerías, portando un recipiente metálico (de aluminio), una lechera , para después cocerla antes de consumirla (entonces no se conocía la pasteurización ni la esterilización), ¡qué fácil es ahora ir al “super” a comprar los paquetes de leche que duran muchos días en nuestra despensa!

Curiosamente había 5 Mercerías. Estaba claro que las mujeres de entonces cosían toda la ropa en su casa.

En aquel tiempo, a pesar de la crisis por la que atravesaba España en los años 30, había en la Mota una próspera industria manufacturera, como: 2 fábricas de tejidos, una fábrica de Mantas (que aún hoy continúa), una fábrica de Aceites (la de mi bisabuela Pura Contreras. Una de las pocas empresarias en aquella época, en la que las mujeres acababan  de estrenar su derecho al voto –Octubre 1931-).

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Purificación Contreras Iglesias (Fábrica de aceites)

Había 19 bodegas de vino en donde literalmente se pisaba la uva blanca airen (la variedad dominante en aquella época en la Mota), 5 fábricas de tinajas (este Anuario de la editorial Rivadeneyra no dice nada de cántaros, pero seguro que hacían cántaros y tinajas…Me imagino aquellos carros cargados de cántaros que recorrían toda la comarca vendiendo estas vasijas típicas de la Mota para el agua y para el vino. Había también una fábrica de Ladrillos y Tejas, aunque las construcciones de aquel tiempo eran eminentemente de tapiales realizadas en el sitio donde iban a estar emplazadas, apelmazadas  con tierra, agua y paja entre dos grandes tablas y unidas por yeso negro (que se cocía en las yeseras del vecino pueblo de El Pedernoso). Hoy día muchas casas de la Mota conservan esos grandes muros (a veces de 80 cm.) de tapia que, según los arquitectos, junto al encalado de las paredes es la mejor defensa contra el calor del estío manchego.

En aquel tiempo el consumo de pan era muy elevado, había nada menos que 5 fábricas y 8 hornos de pan. El pan sobado de la Mota era muy apreciado por los viajantes que pasaban por nuestro pueblo.

También destaca la cantidad de herreros, en aquella época había seis en el pueblo, que se dedicaban principalmente a herrar a las mulas y caballos y a reparar los aperos de labranza, arados…, con esos fuelles enormes que insuflaban el aire a aquellas ascuas de carbón donde ponían al rojo las rejas, para poder afilarlas. Había 9 carpinterías que daban servicio a los moteños y arreglaban sus carros y galeras tanto del pueblo, como de los viajeros. Seis de ellas, sus titulares, tenían el mismo apellido: Morales. También había un constructor de carros.

Por otro lado había nada menos que 10 ferreterías que hacían estricto honor a su nombre. Entonces nada de vender electrodomésticos, muebles, o similares, sino clavos herramientas y poco más.

Dado que la Mota ha sido siempre un cruce de caminos, por un lado el “Camino Real a Valencia” (actual N-301 Madrid-Cartagena) y que en otro tiempo es posible que parte de su trazado coincidiera con una calzada romana (según lo atestigua el paraje llamado de la Miliaria, a las afueras de Mota del Cuervo, por encontrarse allí un miliario romano) y, por otra parte, la Carretera N-420 Córdoba-Tarragona,  por lo que eran muchos los viajeros que hacían parada y fonda en nuestro pueblo.

saturio-mujeriego-fernandez Saturio Mujeriego Fernández (Posadero)

Eran 3 las posadas que atendían a esos viajantes, una de ellas la de mi bisabuelo Saturio Mujeriego, que por la módica cantidad de 7 pesetas, daba la pensión completa. Ahora seguramente se llamarían casas rurales…

En aquel año (en la noche del 14 al 15 de abril) hasta el rey Alfonso XIII pasó por la Mota, al volante de su Duesenberg, para su exilio marsellés hacia al puerto de Cartagena, tras el triunfo de la República.

Según este anuario de 1931, había en aquella época una tienda de tocinos y jamones. Las tajadas de tocino fritas eran un alimento indispensable en el hato de los labradores de entonces que, en época de trilla, no desuncían (no quitaban los aparejos a las mulas ni siquiera por la noche), y que aprovechaban el viento de la madrugada para aventar…

Llama la atención la importancia que tenían entonces los 3 pescaderos en la  Mota. Había un “importador” de pescados “frescos y salados” que venían de Almería, Cádiz, Málaga, Barbate y Melilla (importaban de dentro de España…)  y nada menos que un asentador de pescados (ventas al por mayor y al menor). Todo esto a muchos kilómetros del mar…

En el capítulo de profesionales liberales con carrera universitaria había: 1 Abogado, 2 Farmacéuticos, 3 Médicos, uno de ellos (Don Antoliano Castellano, que era el acalde de la Mota en 1931) y 2 Veterinarios. En aquel tiempo, el grado de analfabetismo de la población manchega se acercaba al 80%.

Con otras profesiones destacaban: 3 barberías (entonces la gente se afeitaba en la barbería habitualmente), 3 sastrerías y 3 tiendas de tejidos.

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Joaquín Piqueras Martínez (dueño del bar de la Plaza)

En cambio había solo un bar que estaba en la plaza mayor “el preferido por los señores viajantes” propiedad de Joaquín Piqueras Martínez (casado con Mª Rosa Mujeriego y padre del fundador de la Asociación de Amigos de los Molinos),  y un Casino de la Concordia “Socorros Manjavacas”.

La Mota exportaba trigo y cebada con un Cosechero y exportador de cereales y piensos, harinas y salvados. Había 3 almacenes de harinas (el último molino de viento que molió –el Zurdo- había dejado de hacerlo 2 años antes de la impresión de este Anuario que reproduzco a continuación,. También había un comerciante que se dedicaba a la compra venta de frutos del país “Compra–venta de quesos manchegos y frutos del país” (mi tío abuelo Luis Mujeriego, que fue alcalde de Mota en 1939, con Manuel Azaña).Llama la atención de que no había en La Mota bancos en esa época. El más cercano el Banesto de Quintanar. Tampoco había gasolineras.

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D. Antoliano Castellano España (Médico que aparece en este anuario, y Alcalde de Mota del Cuervo en 1931). (Foto: libro El Alcalde )

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Luis Mujeriego Morales (Comerciante que aparece en este anuario y Alcalde de Mota del Cuervo en 1939, siendo el Jefe del Estado: Manuel Azaña)

Era un periodo convulso de la historia de España. El año anterior (1930) caía la dictadura de Primo de Rivera, después vendría la “dictablanda” de Berenguer  y el gobierno monárquico del Almirante Aznar, el cual en 1931, convocó elecciones municipales que dieron la victoria a la República en las grandes ciudades (no así en los pueblos). Estos resultados hicieron dimitir al rey Alfonso XIII, que ese mismo año se exilió a través del puerto de Cartagena. Posteriormente, en muchos pueblos de la Mancha, que habían votado mayoritariamente a la Monarquía, se organizaron manifestaciones, y concentraciones multitudinarias ante los Ayuntamientos, desde cuyos balcones, como en el resto de España, se proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931… El gobierno provisional de Niceto Alcalá Zamora, anuló las elecciones municipales en el 40% de los pueblos de la Mancha y el 31 de mayo se repitieron dichas elecciones que dieron claramente el poder a la izquierda…Otras elecciones a Cortes de junio de 1931 otorgaron el poder a la coalición republicano-socialista. Una nueva constitución vio la luz en diciembre de 1931.

Dos años más tarde (en 1933) nuevamente volvieron a ganar las fuerzas conservadoras, hasta que en el plebiscito de 1936 ganaron otra vez las fuerzas de izquierda. Había una crisis económica desde 1927 similar a la actual. La guerra civil estaba próxima, se inicia por un golpe de estado el 17 de julio de 1936 en Melilla.

mota-en-anuario-1931Reproducción maquetada de la hoja correspondiente a Mota del Cuervo en el Anuario Industrial y Artístico de España, con el detalle de todos los nombres y ocupaciones en año 1931

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Reproducción de la contraportada del  ANUARIO INDUSTRIAL  

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Autor: José Manuel González Mujeriego
Publicado el 17 de julio de 2009
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Miembro de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo.